A saber por qué, hay personas que definen el Coaching como los auténticos profesionales del Coaching pero luego acaban actuando incoherentemente, es decir; hacen un montón de “otras cosas” que no tienen nada que ver con el Coaching. Y entonces aparecen el tarotistas-coach, el terapeuta/psicólogo-coach, el consultor/asesor-coach, … opciones a cual más incompatible.

Antiguamente, asistir a un psicólogo era algo que sólo se reconocía públicamente algunos países porque significaba que esa persona estaba mal (o loca!) e incluso era mejor alejarse de ella.

De repente, a finales del siglo pasado, Hillary Clinton, Andre Agassi y otras “celebrities” aparecían en los medios anunciando orgullosos y contentos que tenían un Coach, pero, ¿qué era eso? Al profundizar en el tema descubríamos que esa visión era nueva, y que así, sin más, no era necesario “estar mal” para querer “estar bien”, es decir; ¡se puede estar bien y querer estar mejor!

Darse cuenta de ello abrió las puertas a un nuevo segmento de mercado, un target que no estaba en manos de nadie y que los Coaches podían atender mientras los médicos, psiquiatras, psicólogos y terapeutas podían seguir ocupándose de sus pacientes. No era una ración del mismo pastel de siempre; era un pastel nuevo ¡y entero!

Poco tardó el oportunismo a reaccionar junto con la necesidad, la ignorancia y otros factores coyunturales que favorecieron una rápida “contaminación” del Coaching, y ese nuevo y sabroso pastel acabó integrándose y considerándose una parte más -otra ración más- del viejo y obsoleto pastel de siempre, manoseado por las mismas personas de siempre, prostituido por los mismo intereses de siempre.

De repente, y por ejemplo los “penelistas”, no querían perderse ese pastel que se estaba comiendo el Coaching, y aún hoy siguen insistiendo en meter con calzador la parte terapéutica de la PNL e Hipnosis (véase el Coaching Generativo) dentro del Coaching que, por definición y coherencia con su esencia, no admite directividad. Y así, una vez abierta la puerta a la dispersión, se ha acabado llamando Coaching (de apellido Wingwave) a una mezcla de PNL con Kinesiología y EMDR, se vende el Eneagrama como herramienta básica para el Coaching (cuando el punto de partida de un Coach es no juzgar), a las Constelaciones de B. Hellinger se las están llamando Coaching Sistémico e incluso se sigue vendiendo Coaching para TDA-H ¡cuando ni tan solo existe el TDA-H!

Está claro que existe algún modelo de Coaching con alguna base sólida en cuanto a que es una filosofía, un tratado, etc. (el Ontológico, el Estructural y quizás alguno más), pero uno de los resultados de la contaminación que comentaba en el punto anterior, ha sido la amplia variedad de “apellidos” que se le han llegado a poner al Coaching (Tanatológico, Dialógico, Coactivo, Dental, Kata, Esencial, Zen, Holístico, Integral, Integrativo, Operativo, Inspiracional, Motivacional, Transformacional, Kinesiológico, Relacional, Apreciativo, …) donde la gran mayoría responden al factor marquetiniano de la diferenciación. Otro resultado ha sido apellidar al Coaching refiriéndose al público objetivo al que se dirige (Coaching ejecutivo, para padres, para singles, etc.).

Resumiendo; esa contaminación ha logrado emborrachar al mercado confundiéndolo con mucho nombre y sigue reforzando el error de que existe un Coaching diferente en función de la persona que lo recibe. Y es importante dejar claro que eso es falso: NO existe un Coaching diferente según quien es el cliente o coachee.

Uno de los desencadenantes de este escenario es que muchas personas que se presentan como Coach acaban ofreciendo cualquier cosa. Sí, sí, su necesidad -egoica, económica, …- les ha conducido a ofrecer y hacer cualquier otra técnica bajo el nombre del Coaching; desde terapia, pasando por consultoría o formación, hasta tarot, … y tanto en las sesiones como en la formación.

Curiosamente, en la mayoría de las formaciones aún no se especifica qué es Coaching y qué no de todo cuanto se desarrolla durante el curso, y ello conduce a muchos coaches a pedirle al coachee que haga, por ejemplo, un centramiento antes de empezar, una silla caliente o una línea del tiempo, … con toda la directividad que implica el “Haz esto” y lo que significa que el coach esté priorizando su necesidad de que el coachee esté de una forma concreta antes de intervenir, o exigirse como coach ser experto en el objetivo del coachee para así poderle diseñar el plan de acción o incluso ser “el ejemplo a seguir” por el coachee para poderle indicar cómo hacer algo.

Lamentablemente existen tantas cosas a las que se les llama Coaching que las personas que quieren formarse no saben qué contenidos son los que deben aprender (y hacen un “máster” para saber qué Máster en Coaching hacer) y las personas que quieren una sesión de Coaching no saben qué pueden esperar recibir (un diagnóstico, flores de Bach, un consejo, Reiki, una solución, …) y con este escenario en el que nadie tiene derechos ni obligaciones se sigue deformando una profesión vendiendo “de todo” bajo el nombre de Coaching.

Una realidad a la que se suman muchas universidades y escuelas de negocio justificándolo con su “marca” para que sus alumnos lo puedan añadir a sus CV, puedan pertenecer al club de ex alumnos o acceder a la bolsa de trabajo. Una opción más comercial que humana, muchas veces carísima, con contenidos formativos dispares e incluso contradictorios impartidos por un claustro de profesores con títulos y experiencias de todo tipo (abogados, ingenieros, psicólogos u otras profesiones) pero ajenos al Coaching.

Una realidad en la que existe una lista infinita de academias, centros de formación y formadores freelance ofreciendo formación en Coaching, y que para ofrecer un valor añadido y diferenciarse, incorporan en sus programas desde otras técnicas ajenas al Coaching, hasta esas dinámicas que tan impactantes y útiles les fueron para su desarrollo personal y que ahora consideran imprescindibles para cualquier ser humano.

Una realidad en la que admitimos la “venta a granel” de Coaching vía e-learning. La alternativa “cómoda y barata” cuya diferencia con leerse un libro a veces es mínima o nula. Sin palabras.

Una realidad en la que incluso las certificadoras, que teóricamente existen para regular la profesionalidad del sector, son las primeras que aceptan el intrusismo de otras técnicas (por ejemplo, ICF está acreditando formaciones de otras técnicas ajenas al Coaching y certificando a profesionales que aplican esas otras técnicas). Flaco favor al sector por parte de alguien como ICF que se erige como el referente … ¿O será un mero negocio? En fin.

De nuevo, lamentablemente una realidad en la que el amiguismo, los intereses económicos y tantos otros viejos cánceres sociales están conduciendo al Coaching a un lugar que, al menos a mí, me duele estar viviéndolo.